(ABC) EDITORIAL ABC: Las claves del milagro portugués

(ABC) El éxito económico que ha cosechado Portugal en los últimos años evidencia, una vez más, que la combinación de reformas estructurales y austeridad presupuestaria es la receta correcta para salir de la crisis

El éxito económico que ha cosechado Portugal en los últimos años evidencia, una vez más, que la combinación de reformas estructurales y austeridad presupuestaria es la receta correcta para salir de la crisis. El Estado luso, al igual que otros países de la zona euro, precisó de un rescate internacional para evitar la quiebra en plena crisis de deuda, pero las medidas aplicadas inicialmente por el Gobierno conservador de Pedro Passos Coelho y su continuación bajo el posterior mandato del socialista Antonio Costa, actual primer ministro, han dado como resultado un sólido crecimiento, una fuerte reducción del paro y la recuperación de la solvencia financiera. A diferencia de lo que propone Pedro Sánchez en España, Costa no solo no anuló las reformas aprobadas con anterioridad, sino que profundizó en ellas, favoreciendo así la competitividad. Los socialistas portugueses, pese a contar con el respaldo de la extrema izquierda, han hecho de la austeridad su bandera, tras reducir el déficit público al 0,5 por ciento del PIB en 2018, su tasa más baja desde 1995.

Además, han incentivado el emprendimiento y la llegada de inversión extranjera mediante la aplicación de incentivos fiscales, al tiempo que rebajaban los impuestos y favorecían el desarrollo tecnológico. Asimismo, tras duros años de ajustes y contención salarial, el Ejecutivo portugués ha subido el salario mínimo, las pensiones y los sueldos públicos, pero siempre de forma negociada, gradual y sostenible para garantizar el necesario equilibrio presupuestario. Como consecuencia, Portugal ha registrado un crecimiento muy superior a la media europea durante los últimos tres años, hasta el punto de cosechar el mejor desempeño económico y financiero en décadas. La vía portuguesa que tanto ansía Sánchez, por el contrario, es muy diferente, puesto que su receta es la rigidez, el despilfarro y la asfixia fiscal.