(ABC) Portugal: el milagro económico que no olvidó la austeridad

(ABC) La izquierda española mira de reojo al país vecino, con un gobierno socialista en minoría que ha impulsado el crecimiento y reducido el déficit a mínimos de 1995

El vecino que resurgió de las cenizas del rescate es ahora el modelo a seguir. Frente al atasco político de España, y con la cuenta atrás para una nueva convocatoria electoral, Portugal exhibe desde finales de 2015 un Ejecutivo en minoría pero estable que Pedro Sánchez busca –sin éxito por el momento– emular. El anzuelo lanzado a Unidas Podemos es que el Ejecutivo luso, liderado por el socialista Antonio Costa, recibe el tan ansiado en España respaldo parlamentario del Partido Comunista de Portugal (PCP) y el Bloque de Izquierda (BE), y que con ello ha logrado darle la vuelta al país y afianzar su economía y su imagen internacional. Sin embargo, las medidas puestas en marcha por los socialistas lusos, articuladas en torno a la ortodoxia presupuestaria, poco tienen que ver con las propuestas del Ejecutivo de Sánchez y están a años luz de las pretensiones de la formación que lidera Pablo Iglesias.

Y es que poco queda ya del país bajo sospecha al que nadie quería prestar. Portugal ha logrado enlazar cinco años de recuperación y el crecimiento se mantiene todavía sólido. Las medidas del Ejecutivo, además, han conquistado al entorno internacional, tanto financiero –cuatro grandes agencias internacionales de calificación han elevado su nota a Portugal en los últimos meses y su prima de riesgo está prácticamente a la par de la española– como entre las «celebrities» –famosos como Madonna, Monica Bellucci o Eric Cantona han fijado allí su residencia en los últimos años atraídos por las ventajas fiscales–.

Un 6,7% de paro

«En los últimos tres años Portugal ha registrado su mejor desempeño económico y financiero en varias décadas. En este período el PIB creció un 7%, más que la media europea, y está previsto un avance de alrededor del 2% hasta 2023. En los últimos tres años la tasa de paro ha caído un 5,6% alcanzando un 6,7% en febrero de 2019, según datos del INE portugués –su menor nivel desde 2002 y por debajo de la zona euro– gracias a un crecimiento del empleo del 7,4% y a un aumento del 0,7% de la población activa, situación que no se producía desde 2010. Para el mercado de trabajo la estimación de desempleo del INE en marzo de 2019 es apenas un 6,4%, el más bajo desde agosto de 2002», explica Luis Castro Henriques, presidente de la Agencia para la Inversión y Comercio Exterior de Portugal (AICEP).

Control presupuestario

Pero todo ello ha sido a base de un estricto control presupuestario que ha llevado el déficit de 2018 al 0,5% del PIB, su tasa más baja desde 1995. «Y las perspectivas son que ronde el 0,2% del PIB este año», apunta Castro Henriques. Desde la entrada en escena del actual Gobierno, el «Ronaldo de la economía», como definió Bruselas al ministro de Finanzas, Mario Centeno, ha visto como el engranaje puesto en marcha por su hombre fuerte, el secretario de Estado Ricardo Mourinho Félix, le daba más alegrías que tristezas.

El Ejecutivo puso en marcha medidas para estimular la demanda interna y los portugueses disfrutaron de una subida del salario mínimo escalonada y pactada con los agentes sociales, se revalorizaron las pensiones, descongelaron las carreras de los funcionarios y se redujeron los impuestos a las rentas más bajas. Al tiempo se activó un plan para promocionar la inversión extranjera directa en el país (con desgravaciones fiscales para profesionales y jubilados, residencia a extranjeros a cambio de invertir en el país, etc.).

Reformas en marcha

Las reformas implantadas durante el rescate se han mantenido fuera del terreno político y han gozado del tiempo necesario para dar sus frutos, afianzando también la imagen de país estable. «Además de por las medidas puestas en marcha por el gobierno, el crecimiento en Portugal se ha visto favorecido por las reformas estructurales implementadas durante la crisis, entre las que cabe destacar la devaluación interna, que ha permitido aumentar el grado de internacionalización de la economía portuguesa. Las exportaciones de bienes y servicios al exterior pasaron de un representar en torno a un 30% del PIB en 2010 a cerca del 50% en 2018», explica Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research. Aunque también ha habido espacio para concesiones. El gabinete de Antonio Costa solo consiguió la paz social cuando acalló las protestas de los funcionarios públicos reduciendo su jornada laboral de 40 a 35 horas y restableciendo algunas pagas que se habían recortado durante los peores años de la crisis. «Queda seguramente camino por hacer, pero creemos que estamos dando los pasos necesarios para seguir en la buena dirección hacia una recuperación sostenida», dice Castro Henriques, quien señala al «nuevo contexto económico internacional y la posibilidad de nuevas turbulencias derivadas de las tensiones comerciales y el Brexit», como sus principales amenazas.

Porque, como en buena parte de los países del euro, el gobierno portugués tiene poco margen de maniobra ante estos nuevos envites. A pesar de la mejora de las cuentas fiscales, el ratio deuda pública sobre PIB continúa siendo una de las más altas de la zona euro y, según datos de BBVA Research, se situó en 2018 en el 121,5% del PIB. «Además, el sector financiero portugués continúa siendo vulnerable. Si bien es cierto que la calidad de los activos ha mejorado y que el ratio de créditos incobrables (NPL) ha disminuido en más de un 36% desde el máximo de 2016, continúa siendo elevado, cerca de cuatro veces superior al de la UE a finales de 2018», apunta Doménech.

Google, a Lisboa

Otra de las bondades de la «vía portuguesa» ha sido la apuesta por la economía digital, dando facilidades a las grandes tecnológicas que han recibido una buena acogida. «Portugal es cada vez más un vibrante ecosistema en auge para empresas tecnológicas y «startups», especialmente desde que Lisboa acoge el Web Summit, el mayor evento europeo de tecnología e innovación (con 60.000 empresas y 2.000 «startups» algunas de las cuales ya establecidas en Portugal)», explica Castro Henriques. De hecho, Google seleccionó Lisboa para crear su centro tecnológico para Europa, Oriente Medio y África y cuenta ya con 1.300 profesionales; BMW ha creado también allí un centro de ingeniería de software junto con la portuguesa Critical Software; Mercedes implantó igualmente en la capital lusa su centro digital, y Bosch optó por Braga para abrir su centro para la conducción autónoma. También Amyris ha invertido en un centro de I+D de biotecnología en Oporto, junto a Natixis. Y la lista sigue con Siemens, Vestas, VW y otras invirtiendo en Ciberseguridad, I+D y desarrollo de software…

La pregunta obligada es: ¿debería España seguir el modelo de nuestro vecino? Para Doménech, la respuesta es clara: «España podría tomar testigo de la política fiscal ortodoxa seguida por el gobierno luso, de los esfuerzos por promover la internacionalización y competitividad de su economía y de la cohesión política que permite seguir con el proceso de reformas estructurales y reducir la incertidumbre de política, clave para la inversión y la estabilidad empresarial. Y sobre todo de las medidas adoptadas para mejorar su capital humano, y reducir la tasa de fracaso escolar y abandono temprano del sistema educativo». El calendario y sus imposiciones juegan en contra.